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Dia 5. Ueno Park

El domingo volvió a amanecer primaveral, tirando a soleado y ya con la expectativa del inminente florecimiento de los cerezos. Incluso se podía ya ver a algún despistado con las flores asomando por sus ramas.

En los domingos los japoneses se suelen echar a los parques. Y nosotros, como buenos guiris, pues también :-). Y para el parque de Ueno que nos fuimos, que nos pilla justo al ladito.

Ya de camino te encuentras por todos lados al peluche-panda raro (el sakura panda, que por cierto sakura en japonés es "flor del cerezo"), que es casi como el símbolo del parque (porque dentro hay un zoo con los pandas, claro). Se lo inventaron y lo explotan publicitariamente los de Matsuzakaya, que son unos centros comerciales super extendidos, a lo Corte Inglés (corte japonés).



Al entrar en el parque te encuentras con el estanque Shinobazu, con sus patos, animalillos, bambús y demás. Es un estanque enorme y en el centro tiene una especie de península sobre la que está el templo Bentendo. Bueno, que para hacernos una idea, venga, aquí va el mapa:



Justo detrás del templo construyeron una torre que sobresale extrañamente del conjunto del parque... por lo visto tuvo bastantes críticas, ya que estropeaba el paisaje, aunque por otro lado sus defensores decían que mostraba la contraposición japonesa entre los templos y los rascacielos. En fin, que yo ni me había dado cuenta.


Bordeando el lago te encuentras con un montón de gente paseando, ancianitas pintando tranquilamente acuarelas del templo, chiringuitos de comida para llevar... casi como un parque normal. Digo casi porque en todo momento te sientes un poco extraño, como si te faltase algo. No sé, no caigo... ¡uy! ¡anda, pero si no hay jipis con el radiocasé, el perro y los bolos! ¡ni yonquis pidiendo! ¡ni litronas tiradas por el suelo! ¡ni cienes y cienes de gentes hacinadas! (¿¡¿¡¿pero no decían que Japón está superpoblado?!?!?) Pos vaya parque de mierda, ¿no?, ya me dirás, un parque para que la gente esté tranquilita, yendo a sus templos y paseando. Qué raros que son estos nipones.




Ya en el templo, es pequeñín y bastante majete. Con la parte del agua, el incienso, la zona budista y la zona sintoísta.



Es curioso el tema de las estatuas de homenaje a las diferentes deidades sintoistas, que como recordaréis de esta entrada, pueden ser cualquier cosa digna de ser venerada. Así que aquí podemos ver un pequeño altar que han levantado en agradecimiento a lo útiles que son ¡las gafas!.


Siguiendo con el paseo nos encontramos con otro templo, el de Kiyomizu Kannondo, junto a un paseo repleto de cerezos a punto de florecer. Dicen que en este parque hay más de 1000, y es muy típico ir allí a celebrar los hanami, especie de picnis multitudinarios para observar los cherry blossoms (ya sabéis, se dice sakura en japonés) en plan festivo (festivo a lo japones, todo muy tranquilito y comedido).



Y de aquí a uno de los santuarios emblemáticos de Tokyo, el Toshogu Shrine. Construido en 1627, ha sobrevivido a varios bombardeos, terremotos y batallas varias. El nombre "Toshogu" en realidad es un título nobiliario que significa "Luz del Este" y que se otorgó a Tokugawa Ieyasu, uno de los "Shogun" (gobernadores) más importantes. Hay bastantes templos de Toshogu en Japón (sobre 200), asociados normalmente a lugares donde el susodicho Ieyasu tuvo alguna relación. Para saber más: aquí.


El santuario es bastante resultón, entre los detalles más relevantes tenemos:

  • Su famosa torii (puerta):


  • Fachada. La fachada está cubierta de pan de oro, con tallas en la madera de hojas y demás adornos. Cabe destacar un par de dragones, llamados popularmente Noboriyu (ascendente) y Kudariyu (descendente). Cuentan los lugareños que por la noche salen del templo a pasearse por los parquecillos, beber agua, devorar niños recien nacidos, etc. Lo típico, vamos.


  • Linternas. Hay 50 enormes linternas tanto enfrente del santuario como en las laderas del camino para acceder a él. Cada una de ellas son ofrendas de los señores de los clanes más poderosos (daimyo), y en su base puede apreciarse el nombre del mismo.


Después de este paseillo nos vamos dirigiendo hacia una de las salidas del parque, paseamos por otros sitios interesantes: el Zoo, el Museo Nacional de Tokyo, el Museo de Ciencias Naturales... la verdad es que es un parque gigantesco y con un montón de cosas, una manera muy agradable de pasar la mañana del domingo.

Y una vez salimos... a Marunouchi.